Asocheca y la Embajada checa en Bogotá celebraron la fiesta de San Nicolás

Como el año pasado, también este año Asocheca en cooperación con la Embajada de la República Checa en Bogotá preparó un lindo encuentro para celebrar la fiesta de San Nicolás. El evento que reunió más de treinta niños y niñas tuvo lugar en el jardín de la residencia del señor embajador Miloš Sklenka el domingo 4 de diciembre.

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Se trata de una de las tradiciones checas más importantes de la época del adviento. La figura central, San Nicolás o Mikuláš en checo, es un personaje legendario que les trae regalos a los niños el 5 de diciembre por la noche, es decir, en la víspera del día de San Nicolás, celebrado el 6 de diciembre. Por lo general, San Nicolás está vestido de rojo, con hábito de obispo y un báculo pastoral en la mano. Lo suele acompañar un ángel y un diablo, que juntos recorren las calles de las ciudades entrando de casa en casa.

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Les preguntan a los niños cómo se han portado, les piden que les reciten un poema o que les canten una canción. El demonio se encarga de asustarlos, el ángel representa el papel del bueno. Al final, San Nicolás les da a los niños buenos una fruta o un dulce, y los que no se han portado bien pueden recibir cáscaras de papas o un trozo de carbón.

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De acuerdo con esta tradición, los hijos y nietos de los miembros y otros amigos de Asocheca y la Embajada checa tuvieron que demostrar a los tres personajes de la fiesta sus capacidades para recibir dulces.

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Un poco más sobre la leyenda de San Nicolás …

La figura de San Nicolás está inspirada en la de un obispo cristiano, San Nicolás de Bari, obispo de Myra en la actual Turquía, en el siglo IV, que fue muy venerado por los cristianos de la Edad Media.

mikulas04Conmovido con la desgraciada situación de su gente ante la peste, repartió sus bienes entre los necesitados y se ordenó como sacerdote. De él se cuentan cientos de historias, especialmente narrando sus milagros y sus bondades para con la gente pobre.

Su mítica fama de repartidor de obsequios se basa en otra historia, que cuenta que un empobrecido hombre, padre de tres hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria. Enterado de esto, Nicolás le entregó, al obtener la edad de casarse, una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas. Se cuenta que todo esto fue hecho en secreto por el sacerdote quien entraba por una ventana y ponía la bolsa de oro dentro de los calcetines de las niñas, que colgaban sobre la chimenea para secarlos.

Cuando más adelante (ya en el siglo XVI) San Nicolás se convirtió en una festividad familiar, se impuso la costumbre de poner los zapatos junto a la chimenea. Según la tradición, San Nicolás baja por la chimenea de noche y coloca los regalos en los zapatos de los niños, generalmente, dulces y juguetes. Esta tradición sigue manteniéndose viva.