
La República Checa se convierte en un destino de cuento de hadas durante la temporada navideña. Sus calles se llenan de música, de coloridos y vibrantes mercadillos y de ricos olores que invitan a celebrar el final del año comiendo exquisitos dulces y quitándose el frío con bebidas tan ricas y especiadas como el vino caliente. Las fiestas de Navidad comparten con el resto del mundo occidental su origen y simbolismo, sin embargo, a la vez se caracterizan por un encanto y belleza especiales.
En realidad, los festejos dan comienzo a finales del mes de noviembre y están acompañados de frío, nieve y días mucho más cortos. Durante el adviento, muchas familias encienden una vela cada domingo, amasan trenzas navideñas y elaboran también otros dulces tradicionales checos, el llamado cukroví (pasteles), que varían y abundan en sus formas, colores y sabores. (La palabra cukroví está derivada de cukr – azúcar). Entre los más favoritos pertenecen los llamados nidos de avispas (vosí hnízda), zarpas de oso (medvedí pracky), pastas de Linz (linecké) o medialunas de vainilla (vanilkové rohlícky).

La genta también suele reunirse con sus amigos en los mercadillos para disfrutar de los coros que entonan melodías navideñas populares y de un vino caliente con especies (más conocido como svarák), o el ponche / grog, que se elabora con ron checo, agua y azúcar. Esta temporada, que se extiende hasta el 6 de enero, llena las ciudades de luces, espectáculos y una atmósfera alegre y acogedora.
A principios de mes, el 5 de diciembre, llega la festividad de San Nicolás, celebrada sobre todo por los niños. Ese día se pone a prueba el comportamiento que los más pequeños de la casa han tenido a lo largo de todo el año. Si éste ha sido positivo recibirán de las manos de un ángel, y tras haber recitado un poema dedicado a San Nicolás, dulces y frutas. Pero si algo ha empañado su currículo obtendrán como castigo carbón y papas, todo ello cargado a cuestas por un diablo.
Cuando llega la Nochebuena, y justo en el momento en el que aparece la primera estrella en el cielo, la tradición dicta que las familias se sienten entorno a una mesa, dejando un sitio vacío por si llega, de improvisto, algún invitado extra. Otras normas no escritas sugieren ayunar todo el día hasta que llegue la gran cena; no levantarse mientras se está comiendo, puesto que de hacerlo se podría atraer a la mala suerte para el próximo año; y dejar una escama de carpa debajo del plato como símbolo de riqueza de cara al año siguiente.

En cuanto al menú, éste suele incluir una sopa de pescado, y carpa empanizada con ensalada de papas como el plato principal. En la mesa aparecen también frutas, nueces, obleas y pastelitos navideños. Entre las costumbres pertenece la de partir una manzana en dos. Si al hacerlo aparece una estrella, la familia gozará de buena salud, mientras que si el resultado es diferente se recomienda ir con cuidado para evitar posibles enfermedades. La Nochebuena suele ser acompañada con villancicos antiguos, ya sea cantados por los miembros de la familia o escuchados de un disco.
Los días 25 y 26 de diciembre son jornadas dedicadas, igualmente, a realizar visitas familiares, comer los pasteles navideños y celebrar la proximidad del fin de año con comida, bebida y muy buena compañía. Tras el gran fin de fiesta del 31, con bailes y fuegos artificiales incluidos, el 1 de enero las familias suelen almorzar un plato de lentejas para, según la tradición, conseguir que las billeteras se llenen de dinero.
Fuente: VisitCzechia.com, Mzv.gov.cz. Foto 1, foto 2, foto 3.
