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La exposición sobre Samizdat en la Universidad Santo Tomás, Bogotá

El viernes 11 de mayo las representantes de Asocheca presentaron la exposición denominada Samizdat – Resistencia checa, autores clandestinos en la biblioteca de la Universidad Santo Tomás en Bogotá.

Fotos – la exposición Siempre volveré a vivir en el Gimnasio Femenino, Bogotá

La Asociación de amistad colombo-checa (Asocheca) junto con la Embajada de la República Checa en Bogotá participaron en la celebración del Día del Idioma (23 de abril) de uno de los colegios más tradicionales de Colombia, el Gimnasio Femenino (Bogotá). Durante la celebración fue inaugurada la exposición de los dibujos de los niños del ghetto de Terezín, denominada Siempre volveré a vivir… La exposición contribuyó con el tema principal de ese día que fue la diversidad, y a la vez sensibilizó a toda la comunidad sobre este importante acontecimiento histórico, comunicado por medio de imágenes. Los dibujos estuvieron exhibidos en el colegio hasta el viernes 27 de abril.

El 23 de abril es conocido como el Día mundial del libro y del derecho de autor dado que ese día en el año 1616 murieron varias personalidades destacadas de la literatura internacional como fue Miguel de Cervantes y Saavedra, William Shakespeare o Garcilaso de la Vega. La región hispánica al mismo tiempo conmemora cada año el Día del Idioma porque fue la misma obra célebre de Cervantes sobre Don Quijote de la Mancha que de manera fundamental aportó al engrandecimiento y consolidación del castellano como un idioma internacional.

Dibujos de los niños de Terezín en un encuentro de víctimas

El 7 y 8 de febrero en el hotel Sunrise en Villavicencio (Meta), se llevó a cabo una cumbre departamental que reunió a las víctimas del conflicto armado en Colombia. En las paredes de la sala, donde este importante evento tuvo lugar, los participantes pudieron apreciar los dibujos de los niños de Terezín. La exposición Siempre volveré a vivir… fue inaugurada por una de las representantes de Asocheca, Ilonka Pinzón.

A continuación dio la charla la gobernadora de Meta, Marcela Amaya. Con el eslogan “Hablando el mismo idioma: sí podemos” se usó la metodología de mesas de trabajo en las cuales los grupos elaboraron un documento con las necesidades en materia de salud, educación, vivienda, entre otras. Al evento asistieron unos 200 delegados de la mesa departamental de víctimas, organizaciones de víctimas, víctimas no organizadas, pero también representantes de entidades públicas.

En la República Checa también se celebran carnavales

Desfiles de disfraces coloridos, volatineros de calle y músicos, buena comida y bebida, así se celebra la época de carnavales en varias ciudades y pueblos de la República Checa. Este año ya desde principios de febrero las calles se han llenado de alegría y diversión para festejar la temporada que culminará el martes 13 de febrero. En el país la temporada de carnavales, que precede al Miércoles de Ceniza y la Cuaresma de la Pascua, se conoce bajo el nombre de masopust, la expresión que hacer referencia a dejar, no comer la carne.

Se trata de un fenómeno renacido en los últimos años que ha ganado su lugar firme en el actual calendario cultural checo. Masopust festeja la unión humana y la alegría, evocando las históricas fiestas alegóricas que tenían lugar en el territorio checo desde la Edad Media. En el pasado los carnavales se festejaban tanto por los campesinos, como por los burgueses y la nobleza. De hecho, los festines y bailes más opulentos se llevaban a cabo en las cortes aristocráticas.

A los visitantes les esperan máscaras originales, ideas contemporáneas brillantes, y una exhibición de creatividad y capacidades únicas. En el pasado, los disfraces tenían su fuerte significado simbólico, vinculado con el año agrario. Por ejemplo, las máscaras de osos y caballos se relacionaban con la prosperidad y fertilidad.

Al contrario, los disfraces negros simbolizaban demonios y fuerzas negativas. Actualmente, en los desfiles se pueden ver también turcos con sus coloridos trajes orientales, o los hombres de paja que simbolizan la fecundidad.

También la gastronomía juega un papel importante en la época de carnavales. Predominan comidas grasosas y pesadas, basadas en la carne, dado que las personas deberían comer lo suficiente para aguantar la cuaresma. Además de rellenas, salchichas y chicharrones, pueden degustar los típicos pasteles o comidas dulces.

Al principio de este mes varios eventos invadieron las calles, plazas, museos, pero también teatros o escuelas de diferentes barrios de la capital. No obstante, los carnavales más tradicionales tienen lugar fuera de Praga, en municipios más pequeños, sobre todo en Vortová, Studenice y Hamry. Estos sitios están ubicados en los alrededores de la ciudad de Hlinsko en la Bohemia del Este, y en 2010 fueron inscritos en la lista del Patrimonio cultural inmaterial de la Unesco por su autenticidad. Los habitantes pasan esta antigua costumbre de una generación a otra, en forma casi no alterada. Hasta hoy en día solo los hombres se disfrazan, los disfraces llevan más de 200 años conservando su mismo aspecto.

En estos días (del 10 al 13 de febrero) pueden vivir una atmósfera carnavalesca única en la ciudad de Cesky Krumlov, la joya arquitectónica del país. El público general puede disfrutar de un programa lleno de actividades, degustaciones gastronómicas, una oferta interesante de bebidas tanto alcohólicas como no alcohólicas, y otras atracciones. El evento más llamativo es, sin menor duda, el desfile de disfraces y máscaras hermosas, celebrado el martes 13 de febrero, que alegrará a todos los visitantes.

En el mercado medieval pueden conseguir diferentes tipos de artesanías, pero también participar en talleres dedicadas a la fabricación de disfraces donde pueden aprender a crear su propia máscara, o por lo menos, dejar pintar su cara por los expertos. El programa acompañante incluye conciertos, presentaciones musicales y de teatros callejeros, y unas competencias para los más jóvenes.

Fuentes: KalendarAkci.atlasceska.cz. Foto 1, foto 2, foto 3.

Los dibujos de los niños de Terezín en la feria de Villavicencio

Del 24 al 28 de enero en la capital del departamento de Meta tuvo lugar la exposición comercial más importante y representativa de los llanos orientales, en donde se congregan diferentes actores económicos y sociales. Esta vez ExpoMalocas 2018 contó con la participación de la República Checa como el país invitado de honor.

En la feria los representantes de la Embajada checa y algunas empresas destacadas del país buscaron cooperación en varios campos, en el área turística, académica y comercial. Además, Asocheca complementó la oferta de los productos y servicios con una muestra cultural presentando la exposición Siempre volveré a vivir de los dibujos de los niños del campo de concentración de Terezín. La directora de Asocheca, señora Eliska Krausová, inauguró la exposición en una de las Malocas. En el evento participó también la Gobernadora del Meta, Dra. Marcela Amaya.

ExpoMalocas no solamente brinda espacios para el fortalecimiento empresarial y gremial, la transferencia tecnológica y el intercambio comercial y de experiencias, sino también organiza una variedad de eventos  y actividades para el disfrute de toda familia. Durante la edición de 2018 se celebró, por ejemplo, la Feria Gastronómica, Maloca Académica, y el departamento invitado, el Valle de Cauca, incluso ofreció varias muestras de baile, conciertos de salsa y una rica degustación gastronómica.

La página oficial del evento: www.expomalocas.co.

Entrevista con la directora de Asocheca – Eliska Krausova – en la revista Vlasta

La revista checa denominada Vlasta en su edición de septiembre (número 36/2017) publicó una entrevista con la fundadora y directora de la Asociación de amistad colombo-checa (Asocheca), señora Eliska Krausová, en la que habla sobre su familia, su viaje a Colombia, las razones por las que se quedó en este país, sobre su esposo colombiano, y también sobre sus visitas posteriores a la República Checa.

Como un pequeño regalo de Navidad y del fin del año les presentamos la traducción de la entrevista, acompañada con las fotos del álbum familiar.

Texto: Judita Matyásová

Eliska Krausová (1946)

  • Estudió francés y español en la Facultad de Filosofía de la Universidad Carolina. En junio de 1968 salió del país con el fin de realizar una pasantía en Colombia que se prolongó inesperadamente.
  • Después de la ocupación soviética de Checoslovaquia decidió quedarse en Colombia. Se graduó en el Instituto Caro y Cuervo.
  • En 2009 fundó la asociación de compatriotas, ASOCHECA, que promueve la cultura checa en Colombia.
  • Eliska vive en Bogotá y regularmente viaja a ver a su familia a la República Checa.

Nuestra familia sabe hacerse oír

Eliska Krausová siempre ha sido «la buena y obediente«. Es la hermana mayor que ayudaba a su mamá Bozena a cuidar de Honza, el futuro actor y moderador, y de otros dos hermanos. En junio de 1968 viajó con una maleta y una minifalda a Colombia, donde estudió en el mejor instituto de idiomas para la enseñanza del español, y hoy en día cuenta al público latinoamericano sobre los niños judíos de Terezín.

 

La historia de sus padres es como una unión de dos mundos heterogéneos: una señorita alegre, charladora de campo y un señor serio de ciudad. ¿Cómo pudo funcionar?

Mi padre fue gerente de una tienda de electrónica en la Plaza de San Venceslao y mi mamá trabajaba allí como secretaria. Probablemente la encantó lo trabajador que fue, y le gustó su sentido de humor negro. Antes de que mis padres se casaran, mi padre tuvo que prometer a los padres de mi mamá que convertiría a la fe católica, porque ellos lo deseaban. Él era de una familia judía, pero completamente asimilada, así que no tuvo ningún problema con eso. En marzo de 1939 nació Ivan y en unas semanas detuvieron a mi papá. Pues nunca ocultaba que estaba contra los nazis, y además pronto se dieron cuenta de que él era judío. Un día en la casa dijo: «A mediodía regreso«, y regresó después de casi seis años.

De Praga lo llevaron a Terezín, más adelante a Auschwitz (nota: nombre alemán del campo de concentración en Polonia, en polaco: Oswiecim). ¿Se enteró su mamá qué fue lo que pasó con él?

Escribían uno al otro casi todo el tiempo que estaba en el campo de concentración. Mi padre intentó pasar a escondidas un mensaje sobre lo que pasaba en el campamento. A través de un polaco que viajaba de trabajo a Auschwitz quiso mandar a Praga un plan del campo de concentración. Sin embargo, el mensajero no llegó, y por eso mi mamá salió para Polonia. Sabía de las cartas de mi padre que tenía que bajar en alguna parte antes de llegar a Auschwitz, y seguir caminando a pie. Estaba enamorada y no tenía ni idea sobre todo lo que habría podido pasar. Pensaba que lo lograría ver tal vez por el portón y podría saludarlo con la mano. Cuando llegó al campamento, dijo a los guardas que quería visitar a su tío – y éste fue el polaco. El guarda le pidió sus documentos, pero ella preguntó si los recibiría de vuelta, y el guarda dijo: «No estoy muy seguro«, y de repente entendió que sería un riesgo demasiado grande. En aquel momento pasaba por el portón un grupo de prisioneras, y ella vio como tenían cabezas rapadas y ojos apagados. Mi mamá prefirió despedirse de manera rápida y se fue para la casa.

¿Así que esta fue la última oportunidad para ver a su papá?

Entendió que podía estar feliz por lo menos con las cartas. No obstante, luego incluso las cartas dejaron de llegar. Estaba muerta de miedo y no sabía qué hacer. Alguien le aconsejó que los alemanes estaban muy estrictos con los impuestos, que mandara al campamento una solicitud de que necesitaba su firma por el motivo de la declaración de renta. En aquella época a mi papá en el campo de concentración se le congelaron los dedos en el pie y le tuvieron que amputar un dedo. Estaba muy mal, no podía caminar, y de repente lo llamó un guarda. Mi papá tenía miedo que si el guarda lo veía cojear, lo mandaría directamente a la cámara de gas. De alguna manera lo consiguió y llegó hasta la oficina. Allí le mostraron la declaración de la renta y le dijeron: «Su esposa necesita su firma por los impuestos.» Después siempre nos decía que en aquel momento se puso muy enojado con mi mamá, que ni siquiera podía respirar.

Después de la guerra por fin volvieron a verse y empezaron una nueva vida en Praga, en Letná. ¿Recuerda algo de aquella época?

Yo nací en 1946 y recuerdo que durante mis años preescolares teníamos muchas visitas. La mayoría fueron amigos de mi papá que lo habían conocido en el campo de concentración. Todos esperaban con mucho ánimo el futuro, tenían muchos planes, sin embargo, después de la revolución se acabaron todas las esperanzas. No obstante, nosotros tuvimos otros cargos: tres años después de mí nació Michal, luego Honza y en 1956 Katerina. Yo fui la hermana mayor que tenía que cuidar de los demás: darles de comer, cambiar los pañales, vigilarlos. Mi mamá me tomaba más bien como a una adulta, como a su amiga.

¿Cómo era el día en una familia tan numerosa?

Por la mañana mi papá salía a trabajar, cuando regresaba por la tarde, solía gritar: «¡Silencio!«, y sabíamos que ahora necesitaba tranquilidad para poder escribir. Por la noche solíamos reunirnos y él nos contaba sobre el campo de concentración, las fotos de allí siempre estaban puestas en algún lugar de la mesa. Siempre decía que los que mejor se comportaron con él durante la guerra fueron los soviéticos, no obstante, cuando empezaron los procesos políticos, empezó a percibirlo de otra manera. Inmediatamente después de la guerra escribió el libro Fábrica de la muerte (Továrna na smrt), y más adelante escribió otros textos y artículos. Mediante un amigo consiguió trabajo en la editorial de la literatura técnica, y empezó a publicar manuales, y tuvieron tanto éxito, que pronto le dieron el cargo del redactor jefe. En verano siempre nos llevaba a Krkonose y allí nos quedábamos con mi mamá. Después llegaba por nosotros y decía: «En la casa había tranquilidad.»

Según dicen sus hermanos, desde pequeños sabían que se dedicarían al arte. Ivan al teatro, Honza al rodaje. ¿Usted también tenía una profesión soñada?

Yo fui la buena y dócil quien cursa las clases de piano, de patinaje artístico, aprende idiomas. En todo me fue bien, pero por mucho tiempo no sabía que quería.

Todo empezó a cambiar en la pubertad. Nuestra mamá Bozena – así le decíamos todos – siempre recordaba: «Hasta los quince años eras ideal, después empezaste a empeorar.» Lo que significó que dejé de contarle quién me gustaba. Simplemente ya dejé de ser su conspiradora, quería tener mi propio mundo solamente para mí. En aquella época me empezó a gustar el teatro, pero mi papá dijo que no quería tener comediantes en la casa, así que fui a los exámenes para la Facultad del Arte Dramático de forma secreta. Aceptaron solamente a diez estudiantes, yo terminé en el duodécimo lugar.

Pero finalmente intervino su mamá…

Bozena convenció a mi papá que abogara por mí entre sus amigos en la Facultad de Filosofía. Y así me aceptaron en 1964 para estudiar español y francés. Todos pensaron que mi papá era por lo menos un ministro para que pudiera tener una protección tan enorme. Yo no sabía decir ni una palabra en español, pero tuve que alcanzar el nivel de los demás rápidamente. Sin embargo, lo que más me gustaba siguió siendo el arte dramático, en aquella época pasaba más tiempo en el teatro que en la universidad. Bozena en aquella vez buscaba un trabajo y por casualidad la aceptaron como secretaría de nuestra facultad. Cuando preguntó a mis profesores cómo me iba en las clases, se enteró que varios meses no me hubieran visto por allá, porque… ¿quién quisiera escuchar las conferencias sobre fonética cuando en Praga se celebraba Majales y llegó Ginsberg?

Muchos de sus amigos salieron en primavera de 1968 para el exterior. Y Usted tuvo también una oferta. ¿De qué se trató?

Mi mamá escribió a su hermano que vivía en Colombia si podría llegar a su casa, por ejemplo, por unos seis meses o un año. Antes de que llegara su respuesta, tuve en nuestra universidad una pequeña, o más bien grande actuación. Durante la clase le pregunté a mi profesor si no sabía qué interesante había en Colombia. Y él me dijo que allí se encuentra el instituto más famoso de la enseñanza del español, el Instituto Caro y Cuervo, y me preguntó porqué quería saberlo. Yo le respondí que probablemente viajaría allí. El profesor sonrió y me dijo: «Usted podría únicamente caminar en los alrededores del instituto.» Con esta frase me indignó mucho y yo decidí viajar a Colombia cueste lo que cueste.

Al principio de junio de 1968 Usted se enteró que en tres días volaría al otro fin del mundo. ¿Alcanzó alistarse para el viaje?

Una mitad del día buscaba Bogotá en el globo terrestre, y después mi cuñada me preguntó: «¿Y qué ropa vas a llevar?» Yo pensaba que en Colombia hacía calor todo el tiempo, así que me cosió dos minivestidos, uno rosado y uno rojo. Me aconsejó que como una apropiada dama no podía viajar con una maleta en la mano, así que tuve solamente un bolso y una maleta llena del cristal de Bohemia para mi tío. Cuando por fin aterricé en Colombia, había 15 grados.

Su tío fue hotelero, ¿pero probablemente esperó que le iba a ayudar un poco?

Pienso que quería, sobre todo, a una acompañante para su esposa. Tenía 50 años, dos hijos pequeños y una esposa que estaba un tanto aburrida. Al principio miraban qué tipo de bicho raro soy, porque en su casa todos inmediatamente se besaban y abrazaban, y yo no estaba acostumbrada a algo así en absoluto. En la calle los hombres me silbaban y yo – una muchacha bien educada – les preguntaba: ¿díganme? Después de unos pocos meses mi tío me llevó a una fiesta donde estuvo el ministro de cultura, y me dijo que él seguramente sabía qué era Caro y Cuervo. A este instituto viajan maestros de todo el mundo, estudian historia del español y lingüística. Aquella vez trabajaban en un proyecto de varios años: preparaban un diccionario en el que investigaban cómo las respectivas palabras se empleaban en la literatura. Un poco no sabían qué hacer conmigo, porque el documento de la Universidad de Praga no les interesaba mucho. Así que me dijeron que ingresara y que después se vería. Yo me senté en la clase y devoraba cada palabra.

Mientras tanto, sin embargo, la atmósfera en nuestro país cambió. ¿Cómo se enteró  sobre lo que pasó en agosto?

Cuando me dijeron que en nuestro país había carros de combate, inmediatamente quise llamar a mis padres, pero la conexión no funcionó. Me acordé de lo que decía mi hermano mayor Ivan al principio del año 1968. Él leía mucho la prensa extranjera y presentía que esto terminaría mal. Después de la ocupación salió para el exterior, más tarde salió también Michal. Honza y Katerina se quedaron. Mis padres me escribieron que no regresara por ahora que no estaba seguro cómo se desarrollaría todo. Para mi papá fue un choque tremendo dado que el 21 de agosto estuvo en la Oficina de la prensa checa cerca de la Plaza de San Venceslao, allí llegaron los soldados, muchachos jóvenes, les apuntaron con un arma y les amenazaron con que empezarían a disparar. Mi papá fue luego uno de los primeros quien devolvió la libreta del partido comunista.

Al pasar unos meses, la situación se resolvió sola. ¿Cómo lo logró?

Yo tuve un permiso de seis meses para estar en Colombia, pero éste había caducado hace mucho. En la Embajada checa me dijeron que me tenían que deportar a Checoslovaquia de inmediato. Tenía muchísimo miedo, pero se me ocurrió en aquel momento decirles: «Bueno, voy a empacar mis cosas.» Tomé un taxi y fui a la estación de la policía migratoria. Pedí que me llamaran a su jefe, el general. Cuando escuchó sobre mi problema, me preguntó: «¿Querida señorita, qué quiere hacer? ¿A dónde quiere viajar?» Y yo respondí que lo que más me gustaría es quedarme en Bogotá. Y con esto fue decidido, me dieron asilo y él me dijo: «Desde este momento Usted está protegida por el gobierno de Colombia.» Esta frase fue realmente importante para mí. Por fin tuve alguna certidumbre, un punto fijo.

Un gran apoyo para Usted fue también su novio Ignacio Chaves quien enseñaba en el instituto de lenguas donde Usted estudiaba. ¿Será que su cómplice Bozena sabía de él?

Ya ni recuerdo por qué pero en las cartas no escribí nada sobre él. En el año 1975 él viajó para una conferencia a Budapest y me dijo que estando tan cerca que visitaría Praga también. ¡Se metió en la cabeza que tenía que conocer a mi familia! Llamó a mi casa – habló con Bozena en español, ella con él en alemán, pero a pesar de esto se entendieron de alguna manera – que llegaría a Praga. Katerina en aquella época aprendía español y Honza también aprendió un poco, como se dice «Yo soy Honza, hermano de Eliska«, y así lo esperaron en la estación de ferrocarriles. En el camino a Letná, Igancio compró algunas cosas y antes de que llegara mi mamá, cocinó todos los frutos de mar que había encontrado en Praga. Ella entró por la puerta y lo vio cómo estaba cocinando en su bata, y él inmediatamente corrió hacia ella: «¡Bozena!»

Así que a Usted le esperaba una sorpresa grande después de su regreso…

No podía creer que de verdad estaba en nuestra casa. Extrañaba muchísimo a mis padres, pero también tuve que pensar en mí misma, para que por fin tuviera algún trabajo. Después de un año y medio me gradué en el Instituto e iba a entrevistas. Me aceptaron en un colegio femenino privado donde daban clases las monjas. Era muy bonito porque por mi edad tenía muy cerca las estudiantes, me consideraban casi una de ellas.

Después de diez años en el extranjero por fin vio a su familia. ¿Cómo se llevó su esposo con ellos?

Mi hermano Ivan organizó un encuentro familiar en Alemania adonde llegó también Michal, y afortunadamente, vinieron también mis padres. Estábamos sentados con Ignacio en una cafetería y mi papá todo el tiempo me preguntaba quién era. Tenía miedo si no era un estafador, si no tenía en Bogotá otras diez esposas. En el camino para Colombia lloré por eso, pero mi esposo me consolaba que con tiempo se mejoraría. Se le ocurrió invitar a mis padres a nuestra casa para que lo pudieran conocer mejor. Y tuvo razón, después de dos meses mi padre lo elogiaba diciendo que era mi «caballero sin miedo ni agravio«.

Cuando sus padres estuvieron en su casa, ¿no preguntaron por los nietos?

Lo intentaron un poco, pero nunca presionaron mucho. De todas formas, en mi familia cada uno tiene su cabeza y no deja que otros le aconsejen. Todos respetamos todas estas relaciones complicadas (enredadas) y no juzgamos a nadie. Al fin y al cabo, nosotros con Ignacio teníamos muchas actividades, pero yo nunca lo he tomado como un sacrificio que dediqué tanto tiempo a su trabajo. En el año 1983 lo nombraron director del Instituto Caro y Cuervo y empezó una nueva vida para nosotros. Se esforzó de conseguir dinero en todo el mundo para apoyar el Instituto y la terminación del diccionario sobre la historia del español.

Por primera vez Usted estuvo aquí en el año 1983. ¿Cómo le pareció la sociedad checa?

Ya tenía mi ciudadanía colombiana, pero a pesar de esto continué teniendo miedo que me detuvieran. Y también me di cuenta que no podía permanecer aquí porque igual que nosotros todos los Krausové también yo soy descarada y tengo que hacerme oír cuando algo no me gusta. Así que cuando estuvimos con mis amigos en un bar y ya se acercaba la hora de cierre, el camarero empezó a ordenar las sillas, yo le dije: «¿Por qué lo está haciendo? ¡Es que estamos sentados aquí! ¿Y nos puede además limpiar la mesa?» Bozena sabía muy bien que con este carácter las cosas terminarían mal. De vez en cuando invitaron a mi papá a un interrogatorio. Una vez el policía le preguntó: «¿Está consciente de que de sus cinco hijos tres están afuera?» y mi papá le dijo: «Mire, compañero, en caso de una producción tan grande siempre se pueden encontrar unos pocos productos defectuosos.» Esto fue el sentido de humor de nuestro papá.

Su familia estaba a miles de kilómetros de distancia, y a pesar de esto Usted ha mantenido un checo impecable. ¿Ha estado en contacto con algunos compatriotas?

Cuando llegué a Bogotá, estaba allí la generación de mi tío que salió del país antes de la segunda guerra mundial o inmediatamente en el año 1945. En sus familias ya casi no se hablaba en checo. También vivían por allí unas pocas mujeres que salieron en 1968. Por relativamente mucho tiempo mantenía distancia de la comunidad de compatriotas, hasta que esto cambió al principio de los años 90. En aquella época me invitaron a la Embajada para recoger mi nuevo pasaporte. En el primer momento lo rechacé, estaba muy enojada con toda Checoslovaquia, con todas las autoridades, pero Ignacio me convenció. Sabía que en realidad quería de regreso aquel mundo checo y con él también el pasaporte checo.

Colombia ya desde hace muchos años es su casa, pero a Bohemia regresa a menudo. ¿Qué es para Usted «su casa«?

Para mí lo más importante es el idioma, mucho más que el sitio. Muchos años no tenía a nadie con quién podría hablar en checo, pero tenía sueños de emigrante en checo. Se repetían una y otra vez: estoy llegando a la frontera y veo a mis padres, quiero ir hacia ellos, pero ellos me dicen que no regrese. Me quieren proteger ante el mundo donde están los comunistas.

En 2009 las relaciones checo-colombianas se entrelazaron cuando Usted fundó la asociación de compatriotas denominada ASOCHECA. ¿A qué se dedica?

Ignacio se jubiló en 2002, y empezamos a tener mucho más tiempo uno para el otro. Sin embargo, tres años más tarde de repente falleció, y en unos pocos meses me enteré de que iban a cerrar la Embajada checa en Colombia. Me sentía como Robinson Crusoe quien no tenía a nadie. En aquel tiempo el embajador me provocó: ¿qué tal si Usted fundara una asociación de compatriotas? No sabía nada del tema, pero me pareció que esto podría ser una buena oportunidad para mostrar la cultura e historia checa en Colombia. Nuestro proyecto más exitoso, que hasta ahora hemos preparado, es la exposición peregrina de los dibujos de los niños que durante la guerra estuvieron en Terezín. Estoy viajando por toda Colombia contando sus historias. Por mucho tiempo pensaba que después de la muerte de Ignacio ya no habría nada. Por suerte, siempre tengo a mi familia, somos muy unidos y da completamente igual si nos separa un océano o estoy en mi país natal.

Un villancico inglés sobre San Venceslao, el rey checo

Buen Rey Venceslao (Good King Wenceslas en versión original) es el nombre de un villancico popular que se canta en tierras inglesas particularmente durante la fiesta de San Esteban (26 de diciembre). San Esteban es considerado el primer mártir cristiano, y es venerado por las comunidades que en su nombre realizan obras de caridad para ayudar a los pobres.

La canción fue emitida por primera vez en el año 1853. La música fue inspirada en una canción primaveral del siglo XIII. La letra fue compuesta por John Mason Neale quien tradujo un poema del escritor checo Václav Alois Svoboda.

El villancico cuenta historia de cómo el rey (anterior príncipe) checo San Venceslao ayuda junto con su paje a un campesino pobre. Cuando el invierno y la noche del día de San Esteban complican la ayuda, el rey incluso hace milagros. Es que durante el viaje, el paje del rey, con sus pies descalzos y congelados, está a punto de rendirse a causa del frío, pero logra continuar siguiendo las huellas del rey a través de la nieve dado que estas se quedan milagrosamente calientes. La leyenda está basada en la vida del histórico San Venceslao I de Bohemia (907-935), patrón de la República Checa.

La letra de la canción dice lo siguiente:

El buen rey Venceslao miraba en la Fiesta de Esteban,
La nieve se extendía alrededor, intensa, frágil y uniforme.
Aquella noche la luna brillaba, aunque cruel era la helada,
Cuando divisó un pobre, buscando combustible de invierno.

«Ven aquí, paje, ponte a mi lado, dime si sabes
¿Quién es ese campesino? ¿Dónde y cuál es su morada?»
«Señor, vive a una legua de aquí, al pie de la montaña;
Justo al lado del cercado del bosque, por la fuente de Santa Inés.»

«Tráeme carne, y tráeme vino, tráeme aquí troncos de pino:
tú y yo le veremos cenar, cuando llevemos todo para allá»
Paje y monarca, adelante se fueron, adelante se fueron juntos;
A través del violento viento salvaje y el clima amargo.

«Señor, la noche es más oscura ahora, y el viento sopla más fuerte;

Falla mi corazón, yo no sé cómo; no puedo ir más allá.»
«Marca mis pisadas, buen paje mío, písalas con valentía.
Ya verás que la rabia del invierno te hiela la sangre menos friamente.»

En las huellas de su amo pisaba, donde estaba la nieve aplastada;
El calor se notaba en la tierra por donde el santo había pasado.
Por lo tanto, cristianos, contar que -poseyendo linaje o riquezas -,
Los que ahora bendecís a los pobres, vosotros mismos sereís bendecidos.

 

San Venceslao fue un soberano checo que nació en 907 en Praga, y fue criado y educado por su abuela, la reina Ludmila la Santa de Bohemia, conocida por su devoción religiosa y amabilidad. Tuvo una gran influencia sobre Venceslao, sobre todo, en cuanto a su dedicación al cristianismo, su piedad, generosidad, y autosacrificio.

Venceslao prefería la paz a la guerra. Transformó la sociedad checa no solamente en lo relacionado a la religión, sino también modificando el sistema judicial, reduciendo las condenas relativas a la pena capital o a la tortura. También introdujo un nuevo sistema educativo facilitando el acceso a la educación incluso a los estratos populares. Entre otras obras arquitectónicas, promovió la construcción de la Catedral de San Vito.

La festividad de San Venceslao se celebra el 28 de septiembre para conmemorar el día en el que Venceslao fue atacado y matado por su hermano menor Boleslao y otros conspiradores delante de la puerta de la iglesia en la ciudad de Stará Boleslav. El acto tuvo lugar en el año 935. Tres años más tarde, Boleslao arrepentido, hizo llevar los restos de su hermano al interior de la Catedral de San Vito en Praga.

Después de su muerte, el príncipe Venceslao fue proclamado mártir y santo. Además, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico le concedió el título del Rey.

Fuente: Foto 1, foto 2.

Asocheca celebró la fiesta de San Nicolás

El sábado 3 de diciembre, se realizó un lindo encuentro para celebrar con anticipación el día de San Nicolás. El evento, organizado por Asocheca en cooperación con la Embajada de la República Checa en Bogotá, tuvo lugar en la residencia del señor embajador Miloš Sklenka.

La fiesta de San Nicolás (6 de diciembre), llamado Mikuláš en checo, pertenece entre las tradiciones checas más importantes de la época navideña. La figura central, vestida de rojo con hábito de obispo y un báculo pastoral en la mano, es un personaje legendario que les trae regalos a los niños el 5 de diciembre por la noche. Suele estar acompañado por un ángel y un diablo, que juntos recorren las calles de las ciudades entrando de casa en casa. El demonio se encarga de asustar a los niños, el ángel representa el papel del bueno.

San Nicolás les pregunta a los niños cómo se han portado, y les pide que canten una canción o reciten un poema. Al final, los niños buenos reciben dulces o frutas, y los que no se han portado bien, pueden recibir cáscaras de papas o un trozo de carbón.

De acuerdo con esta tradición, los hijos y nietos de los miembros y otros amigos de Asocheca y la Embajada checa tuvieron que demostrar a los tres personajes de la fiesta sus capacidades para recibir dulces.

 

Un poco más sobre la leyenda de San Nicolás …

La figura de San Nicolás está inspirada en la de un obispo cristiano, San Nicolás de Bari, obispo de Myra en la actual Turquía, en el siglo IV, que fue muy venerado por los cristianos de la Edad Media.

De él se cuentan cientos de historias, especialmente narrando sus milagros y sus bondades para con la gente pobre. Su mítica fama de repartidor de obsequios se basa en una historia que cuenta que un empobrecido hombre, padre de tres hijas, no podía casarlas por no tener la dote necesaria. Enterado de esto, Nicolás le entregó, al obtener la edad de casarse, una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas. Se cuenta que todo esto fue hecho en secreto por el sacerdote quien entraba por una ventana y ponía la bolsa de oro dentro de los calcetines de las niñas, que colgaban sobre la chimenea para secarlos.

Cuando más adelante (ya en el siglo XVI) San Nicolás se convirtió en una festividad familiar, se impuso la costumbre de poner los zapatos junto a la chimenea. Según la tradición, San Nicolás baja por la chimenea de noche y coloca los regalos en los zapatos de los niños, generalmente, dulces y juguetes. Esta tradición sigue manteniéndose viva.

La televisión checa está buscando huellas checas en Colombia

Asocheca ha recibido la solicitud del camarógrafo Vladimír Simek y la geógrafa Kamila Simková, quienes trabajan para la televisión checa y buscan interesantes historias de los compatriotas checos (vivos o muertos) para incluirlos en su programa. El programa se enfoca en las huellas que han dejado los checos en América Latina, y ahora el tema que se está preparando es sobre Colombia.

En la página de la televisión checa pueden encontrar vídeos (en checo) que hablan de diferentes descubrimientos y aportes que hicieron los checos en varios países latinoamericanos. Por ejemplo, un programa presenta la historia del etnógrafo checo Jaroslav Soukup quien llegó a Perú como misionero, pero pronto se empezó a dedicar al estudio de la naturaleza local, particularmente la flora en las orillas e islas del lago Titicaca. Publicó uno de los diccionarios de plantas más importantes de Perú. Los autores del programa documentaron también huellas que dejaron cinco botánicos checos, entre ellos Benedikt Rézl, el rey de orquídeas que se instaló en México.

Los documentalistas emprendieron además un viaje a Ecuador para seguir los pasos de dos famosos viajeros checos Hanzelka y Zikmund. Fueron ellos quienes hace 50 años llegaron al corazón de la selva ecuatoriana para conocer la vida del temido pueblo de los cazadores de cabezas. Sin embargo, en Ecuador encontraron también otras huellas checas como es el legado del cervecero checo en Guayaquil, el trabajo de la familia Kubeš que se instaló en la parte oriental de Ecuador, y la obra de una artista checa, una de las más destacadas en el país, que produce su propio papel de diferentes plantas. Otro programa se centró en nuevos detalles sobre la vida del viajero y botánico A. V. Fric quien se interesaba por comunidades indígenas, particularmente en el territorio de Brasil, norte de Argentina y Paraguay.

A los autores del programa les gustaría contactarse con las personas que puedan ayudarles antes de iniciar su viaje a Colombia que está planeada para el primer o segundo semestre del año próximo (2018).

Por lo tanto, si conocen la historia de algún compatriota que ha dejado una huella interesante e importante de la República Checa en Colombia, contáctenos, por favor, al correo info@asocheca.org para que podamos enviar sus propuestas y datos a los documentalistas de la televisión checa.

En la República Checa se conmemoran las luchas por la democracia

El 17 de noviembre se conoce hoy como el Día de la Lucha por la Libertad y la Democracia, y es un día festivo en el país. En esta fecha ocurrieron dos acontecimientos importantes para la historia checa, ambos protagonizados por estudiantes, concretamente en 1939 contra la ocupación nazi y en 1989 contra el régimen comunista.

A finales de octubre de 1939 en Praga tuvo lugar una manifestación antifascista con motivo del 21 aniversario de la fundación de Checoslovaquia. Durante la intervención policial fue herido mortalmente Jan Opletal, un estudiante de la Facultad de Medicina. Su entierro celebrado el 15 de noviembre provocó otras masivas protestas a los cuales los nazis reaccionaron con fuertes represalias. El 17 de noviembre Hitler ordenó cerrar las universidades checas, fusilar a 12 estudiantes y funcionarios, y trasladar a unos 1.200 estudiantes a los campos de concentración. La fecha pronto se convirtió en el Día Internacional del Estudiante, y como tal se celebra en varios países del mundo.

Durante la época comunista, el día siempre se recordaba como una fiesta estudiantil y su lucha contra un régimen opresivo y racista. Por lo tanto, en varias ocasiones ha sido un día de protestas de estudiantes como ocurrió, por ejemplo, el 17 de noviembre de 1968 cuando tuvo lugar una huelga contra la ocupación rusa.

Cincuenta años después de la clausura de las universidades por Hitler, los estudiantes de Praga se reunieron en una manifestación conmemorativa para rendir homenaje a Jan Opletal. La marcha del 17 de noviembre de 1989 contaba con permiso de autoridades. La muchedumbre salió del barrio de Albertov hacia el Cementerio de los Próceres situado en Vyšehrad. Sin embargo, la manifestación no terminó allí, sino que la gente continuó caminando de manera espontánea hacia el centro de Praga. Aunque los agentes de policía al principio respetaron la orden de no intervenir, en la Avenida Nacional atacaron a los estudiantes, y algunos salieron golpeados fuertemente.

Entre los manifestantes se difundió la noticia sobre la muerte de un estudiante a consecuencias de la brutal violencia por parte de la policía. A pesar de ser una noticia falsa, logró radicalizar a toda la sociedad, y al día siguiente, los estudiantes de las universidades de Praga, y más adelante también muchos artistas de teatro se declararon en huelga.

Además, informaron sobre los acontecimientos en la capital al resto del país organizando juntas, encuentros y debates, publicando materiales informativos. Los hechos culminaron el 27 de noviembre con la Huelga General de dos horas que se llevó a cabo en todo el territorio nacional. Finalmente, el régimen comunista abrió diálogos con la oposición encabezada por Václav Havel, uno de los disidentes más activos, y se acordó el traspaso de poder.

Con excepción de la intervención policial violenta en el centro de Praga, la revolución transcurrió de manera moderada, sin tener ni una sola víctima mortal. Por lo tanto se inscribió en la historia como la Revolución de Terciopelo. Entre sus símbolos más importantes pertenece el tintineo de las llaves con el cual los ciudadanos expresaban su deseo de libertad. La Revolución significó el fin del régimen totalitario que gobernaba en Checoslovaquia por más de cuatro décadas.

Actualmente, el 17 de noviembre se celebra especialmente en Praga con eventos conmemorativos, pero también marchas del público para expresar opiniones acerca de los problemas que agobian a la sociedad.

En lugares vinculados con los eventos de 1989, especialmente en la Avenida Nacional de Praga, suelen presentarse personajes de la escena política y cultural del país, pero también personas del público general con velas y flores.

En el centro de Praga tiene lugar un desfile de disfraces alegóricos cuyo objetivo se centra en llamar la atención sobre diferentes cuestiones sociales, como es la violencia sexual, los problemas de los indigentes, o el despilfarro de alimentos.  Se abren también puertas de la Oficina del Gobierno para que todos los interesados puedan conocer los interiores de la institución y disfrutar de las exposiciones instaladas.

En la residencia estudiantil de Hlávka, lugar importante de los hechos de 1939, se lleva a cabo una reunión de representantes de las universidades, estudiantes, círculos académicos, e incluso de la Iglesia.

Fuentes: Radio.cz/es-1, Radio.cz/es-2. Foto 1, foto 2, foto 3, foto 4.