Karlovy Vary – El cristal de la República Checa

A 123 kilómetros de Praga se encuentra una fascinante ciudad de cuenta de hadas, famosa por su historia, su paisaje, sus balnearios y su licor.

 

 

 

 

 

 

 

 

Una perfecta personificación de la elegancia del balneario, columnatas ostentosas, sanatorios exclusivos y una situación geográfica espléndida en medio de un valle cubierto de bosques. Este es el balneario de Karlovy Vary.

La ciudad más importante del famoso triángulo de los balnearios, es hoy el segundo lugar más visitado de la República Checa. Por su arquitectura original con edificios barrocos, art noveau y neoclásicos, es uno de los balnearios más hermosos del viejo continente. El auténtico ambiente del balneario lo pueden disfrutar durante paseos por las bellísima calles a lo largo del río Tepla.

Aquí se turnaban grandes personalidades como Goethe, Beethoven, Gogol, Paganini, Casanova, Mozart, pero también decenas de máximos representantes de Estado de todo el mundo, y últimamente también numerosas estrellas de cine, ya que Karlovy Vary es escenario de uno de los festivales cinematográficos más importantes de Europa.

Sin embargo, los viajeros tal vez ni siquiera se asombren con los edificios perfectamente alineados sobre calles limpísimas, ni con un teatro admirable del que cuelga un telón hecho por Gustav Klimt. No. La mayor riqueza de Karlovy Vary consiste en 13 fuentes termales minerales, que sirven para el tratamiento de afecciones del aparato digestivo, trastornos del metabolismo, enfermedades oncológicas y del aparato locomotor. La temperatura del manantial más caliente de Karlovy Vary, el Vrídlo, alcanza unos increíbles 72 grados C.

Pero antes de pasar con las vasijas decoradas que venden en todas las esquinas y que se llenan en cualquier grifo decorado, hay que detenerse en uno de los muchos locales diminutos que bordean las avenidas. En la mayoría ofrecen botellas de Becherovka, un trago aromatizado, penetrante y dulzarrón, que es símbolo de la cultura checa. También tiene que degustar las obleas de balneario con distintos sabores.

Hay un lugar donde la apacibilidad de Karlovy Vary se rompe de un tajo, aunque sus pomposas vitrinas traten de demostrar lo contrario. La fábrica de Moser, aquel que ha sido llamado “cristal de reyes” por más de 150 años, es un conjunto de ruidos metálicos, de cuerpos agitados que corren de un lado a otro con vasos y floreros hirviendo. Luego, un trago de cerveza los refresca e impide que dejen de producir lujosas vajillas. Ellos son los que hacen copas, jarras y cualquier cantidad de recipientes que luego son tallados a mano con aleaciones de oro.

La manera  de dar donaire con las técnicas tradicionales de la cristalería como son el soplado a mano, el pulido prismático, el tallado artístico o la decoración con oro o platino, diferencia los productos Moser de las otras marcas del mercado. La marca Moser es considerada como una de las joyas de la cristalería checa y representa la cima de la creación artesana del cristal de mesa y decorativo. El cristal Moser adorna actualmente, entre otras, las mesas de gala de palacios de varios reyes o monarcas.

Los visitantes pueden amenizar su día en esta ciudad maravillosa con una excursión a alguno de los miradores de Karlovy Vary. En un teleférico se puede subir cómodamente, por ejemplo, al mirador Diana, donde uno tiene la ciudad como en la palma de la mano

Entre la oferta de los hoteles más importantes destacan, sobre todo, el Grand Hotel Pupp, considerado generalmente uno de los mejores hoteles del mundo, el hotel Imperial o el Thermal con una gran piscina exterior, que ofrece una vista fantástica de toda la ciudad.

 

 

 

 

 

 

Fuente: www.czechtourism.com/sp/t/carlsbad/, www.elespectador.com/publicaciones/buen-viaje/el-cristal-de-republica-checa-articulo-434177, www.czech.cz/es/100394-moser-el-cristal-de-los-reyes.