Artículo de Radio Praga sobre los hechos ocurridos en el año 1968 – entrevista con Eliska Krausová

OBLIGADAS POR LOS TANQUES A DEJAR LA PATRIA

Hace 50 años Checoslovaquia fue invadida por los ejércitos de cinco países del Pacto de Varsovia, sellando así el fin del proceso de liberalización conocido como Primavera de Praga. Radio Praga entrevistó a dos testigos, que gracias a los sucesos nefastos de 1968, consagraron su vida a Colombia y a México.

El 21 de agosto de 1968 el amanecer de los checoslovacos fue duro: cuando salieron a las calles se encontraron con soldados y tanques. El país, que se encontraba en plena temporada de vacaciones, se vio invadido por las tropas soviéticas, lo cual tuvo como consecuencia la subordinación del país por otros más de 20 años al dictado de Moscú.

Un socialismo tropical

Durante los años 60 estudiar ruso era una obligación, pero debido a las relaciones entre la Unión Soviética y Cuba, era posible estudiar también por ejemplo el español. Daniela Spenser (foto 2), una joven checoslovaca de apenas 20 años, era en aquel entonces una apasionada estudiante que estaba a punto de iniciar su carrera universitaria.

“Después de la Revolución cubana en las ‘dvanáctiletky’, escuelas de doce años, empezamos a estudiar el español y yo inmediatamente lo adopté y pensé, en mi ingenuidad todavía antes del 68, que Cuba era una alternativa, y además una alternativa tropical, alternativa simpática, musical al socialismo. Y cantaba todas las canciones ‘Sestoupili ze sierry, Fidel Castro s nimi byl’ – ‘Bajaron de la sierra y Fidel Castro estaba con ellos’; y me gustaba mucho. Y el otro personaje que me cautivó fue, por supuesto, el Che, Che Guevara, yo pensaba que el socialismo tropical era algo muy atractivo”. 

De igual manera se enamoró de la lengua española Eliška Krausová (foto 3), que a sus 19 años optó por estudiar la combinación que se ofrecía en los planes de estudio.

“Ahí decía francés – español, y eso era en los días en que yo cada vez que iba con mis amigos a las residencias universitarias, ésas estaban empapeladas del Che Guevara. Siempre los mirábamos, esas fotos cuando venían de la sierra. Y yo siempre decía que el mejor es Che Guevara. Mirábamos a Che Guevara y a todos esos héroes, tomábamos lo que había por tomar, o a lo que nos alcanzaba dinero. Lo decidí entonces: el español, Che Guevara, eso es lo que voy a estudiar”. 

En un mundo regido por la lógica de la Guerra Fría, la vida de los ciudadanos en Checoslovaquia se vio expuesta a la llamada ‘doble realidad’: una cosa se decía en casa y otra completamente opuesta fuera, como recuerda Daniela Spenser. Sin embargo, eso pronto iba a cambiar.

“Políticamente lo que más me impresionaba de aquella Checoslovaquia fue la terrible hipocresía, la idea del muro entre el Este y el Oeste, y el oeste era deleznable y el este era el paraíso. Sin embargo, mi mamá trabajaba en la Federación Sindical Mundial y viajaba mucho, y traía una ropa preciosa de ese deleznable occidente. Cuando mi mamá regresaba de un país occidental, me decía ‘en la escuela no puedes decir que esto lo traje de tal lugar’, entonces uno crecía dentro de preguntas a las cuales no encontraba repuestas”. 

¡Queremos luz!

Uno de los presagios de los cambios en la sociedad checoslovaca fue la manifestación de alrededor de dos mil estudiantes universitarios el 31 de octubre de 1967, conocida hoy bajo el lema de entonces ¡Queremos luz! Era un otoño frío y en las residencias estudiantiles había constantes cortes de electricidad. Después de varios días los estudiantes salieron a las calles a protestar, como recuerda Eliška Krausová.

“Era natural, era protestar para poder estudiar y terminar el semestre de invierno. No sabíamos que había una visita oficial en el Castillo de Praga, creo que era Leonid Brézhnev o Alekséi Kosyguin, eso nadie lo sabía y nadie prestaba atención quién estaba allí, pero ellos al salir de la residencia estudiantil Strahov, armados de papeles, de banderas tal vez no, pero gritaban que quieren luz y que quieren estudiar y que tienen frío. Parece que alguien llamó a la Policía, que los parara, que no llegaran a la calle Nerudova al Castillo. Y allí se produjo el primer choque con la Policía que les pegaba, no les disparaba, pero sí les pegaba para que retrocedieran hacia el lugar de donde salieron y parece que les pegaron más de lo necesario”. 

Los estudiantes fueron brutalmente golpeados y algunos fueron obligados a abandonar sus estudios. Se trató de la primera protesta estudiantil que en los meses siguientes impulsaría a muchas más. Además, el incidente no pasó desapercibido por los medios de comunicación y el público, y los representantes académicos condenaron públicamente la violencia. Eso debilitó la posición del Partido Comunista Checoslovaco y sobre todo al presidente y Primer Secretario del Comité Central, Antonín Novotný, quien seguía perdiendo las simpatías de la sociedad.

Las Primaveras de Praga

La llamada Primavera de Praga, término creado por los medios de comunicación occidentales tras la invasión, comenzó en diciembre de 1967 con cambios desde el interior del mismo Partido Comunista Checoslovaco. Como señaló el historiador del Instituto para el Estudio de los Regímenes Totalitarios (ÚSTR) Petr Blažek, esa denominación es más que problemática. Además, suele causar confusión con el renombrado festival internacional de música que cada año tiene lugar en la capital checa.

“La Primavera de Praga como término es bastante impreciso, porque da la impresión de que se trató de sucesos que tuvieron lugar solo en Praga y que además es posible describirlos de manera sencilla, de manera que cualquiera que los vivió estaba de acuerdo. En realidad hubo varias Primaveras de Praga y es más que discutible si hablar solamente de la capital checa, porque los acontecimientos transcurrían en todo el territorio checoslovaco y tuvieron repercusión en los países vecinos y al fin y al cabo en el mundo entero”. 

Los primeros indicios de que los cambios del sistema petrificado estaban en el aire se registraron en diciembre de 1967 con la reunión del Comité Central del Partido. Allí estalló el conflicto entre el presidente Novotný y el líder del Partido Comunista Eslovaco, Alexander Dubcek. Los eslovacos demandaban la federalización del Estado y se sentían desfavorecidos por el centralismo praguense que propulsaba el presidente y del quien se sabía que no tenía en gran estima a los eslovacos. El historiador Petr Blažek sostiene que el conflicto nacional desempeñó un papel crucial en las causas de la Primavera de Praga.

La reunión de diciembre desencadenó un vivo debate que desembocó en la división del Partido Comunista en los llamados progresistas y conservadores, y en la sustitución de Novotný en el puesto de Primer Secretario del Comité Central, por el reformista Dubcek, el 5 de enero de 1968.

Novotný carecía de carisma, no tenía el apoyo de Leonid Brézhnev, el líder del Partido Comunista de la Unión Soviética, y además, Checoslovaquia se encontraba en otra de las muchas crisis económicas, que se caracterizó por la insuficiencia de víveres y por largas colas de los ciudadanos para poder comprar otros productos, como recalcó Petr Blažek.

“Las crisis económicas fueron a menudo el resultado del fracaso de la economía planificada, eso fue sin duda una de las mayores causas de la Primavera de Praga. Los métodos tradicionales con énfasis en la industria pesada y la economía planificada, que esposaba la iniciativa de las personas, condujo paulatinamente a una profunda crisis económica, que empezó a notarse en una nueva ola ya a inicios de los años 60.” 

Un socialismo con rostro humano

Los medios de comunicación empezaron a llenarse de interrogantes acerca del llamado “sentido de lo de enero”, ya que la reunión en la que fue elegido Dubcek fue secreta. Los periódicos demandaban la publicación del contenido de dicho encuentro. La censura fue eliminada y los medios de comunicación empezaron a informar sobre la realidad del país de manera muy abierta, sin que llegara cualquier tipo de represión. Se empezó a escribir, por ejemplo, sobre los delitos comunistas de los años 50, cuando en los procesos políticos fue asesinada la política y diputada Milada Horáková, junto con otros críticos del entonces nuevo régimen.

Con la intensión de poner un “rostro humano” al socialismo, Alexander Dubcek empezó a preparar una serie de reformas. En su visión, que hoy día muchos historiadores califican de irrealizable, el socialismo democrático fusionaría los principios del marxismo–leninismo con una mayor liberalización. Los cambios conllevaban la modificación de la ley de la censura, proponían una nueva ley que permitiría viajar de manera libre incluso a países “capitalistas”, abrieron el tema de la indemnización de los presos políticos condenados en los años 50 y de la federalización de Checoslovaquia. Sin embargo, las elecciones libres no fueron incluidas en los preparados cambios.

La sociedad se activó: fueron fundadas nuevas organizaciones y agrupaciones políticas, algunas con la ambición de pasar a ser sujetos políticos independientes, cosa que el Partido Comunista encabezado por Dubcek nunca iba a permitir.

El historiador Petr Blažek explicó que todo eso fue posible gracias a una nueva generación de políticos que ingresaron en el Partido Comunista y que tenían una mejor formación.

“El Partido Comunista cambió de manera notable desde el punto de vista generacional. Se hacía más visible la generación para la cual ya no era crucial el tema de la Segunda Guerra Mundial, generación que incluso criticaba el modo en el que los comunistas subieron al poder en 1948. Estaban conscientes de las crisis económicas anteriores, que desde 1953 tenían lugar cada cinco años y tenían tras sí la discusión acerca del culto a Iósif Stalin, lo cual fue un intento de echarle la culpa solo a una persona de aquella generación que fundó el comunismo soviético”. 

Durante la Primavera de Praga desempeñaron un rol importante los comunistas intelectuales, que veían gran potencial en reformar el socialismo para que subiera el nivel de vida, pero también en gran medida los presos políticos que tras las amnistías de 1960, 1962 y 1965 fueron puestos en libertad y quiénes mediante discursos públicos mostraban su experiencia con el comunismo tras las rejas.

1968, año de los estudiantes

En el naciente proceso reformador tuvo indiscutiblemente su gran mérito la generación de los estudiantes, como contó a Radio Praga Petr Blažek.

“Nunca antes en la historia hubo tantos estudiantes, y aunque Checoslovaquia quedaba atrás en comparación con el número creciente de estudiantes en la sociedad intelectual del Oeste, en esa época las diferencias no eran tan marcadas. Por eso es posible buscar analogías entre París del 68, o México del 68 con Checoslovaquia, aunque se trate de analogías a menudo forzadas que no esclarecen lo que ha sucedido aquí, aunque a nivel mundial sí tienen su sentido”. 

Cuando se iniciaron las protestas estudiantiles, Eliška Krausová recuerda que su padre, que nació durante la Primera Guerra Mundial, y sobrevivió siendo judío la Segunda Guerra Mundial y los campos de concentración (por lógica fue comunista, aunque no muy comprometido), no podía entender que los estudiantes estaban haciendo una protesta. Krausová recordó que Dubcek era su héroe y que lo único que querían era que llegara algún escritor de Francia o Alemania. En la mente de la joven estudiante empezó a nacer la idea de emprender un viaje a Colombia, ya que tenía allí a un familiar.

“Repetíamos que Dubcek quiere que viajemos que debemos viajar, conocer y volver, entonces los que estudiábamos idiomas sí habíamos viajado antes a países alrededor en donde se hablaba francés, pero nosotros no teníamos ninguna relación con España porque Franco vivía y oficialmente Checoslovaquia no tenía relaciones con España y era casi imposible viajar allá, entonces lo del español nos angustiaba a todos porque todos soñábamos con algo que no era Cuba, porque lo único a donde se podía ir era Cuba”. 

Daniela Spenser en aquel entonces estaba a punto de iniciar sus estudios universitarios de español e inglés y trabajaba de traductora tras pasar medio año en Inglaterra como au pair. Aunque muy joven, gracias a que su padrastro Vladimír Tosek era periodista de la televisión, en su casa los acontecimientos de la Primavera de Praga eran objeto de discusión diaria.

“Yo lo viví a mis 20 años en absoluta ignorancia, pero con mucho entusiasmo. Participábamos en todas las manifestaciones y discusiones y yo absorbía lo que sucedía. Me interesaba la música y los happenings y la cultura beat y entonces estaba yo viviendo el 68 mucho más a nivel universal que solamente checoslovaco, pero el checoslovaco fue sumamente importante”.

El desencanto de Moscú

El 21 de marzo dimitó el presidente Novotný y su lugar fue ocupado por Ludvík Svoboda.

Moscú observó la situación en Checoslovaquia con gran desconfianza. El 23 de marzo transcurrió la reunión de los países del Pacto de Varsovia en Dresde. Allí Brézhnev y otros líderes de los países del bloque soviético criticaron a Dubcek, reprochándole que la Primavera de Praga se había vuelto una “contrarevolución”. El líder checoslovaco abandonó la reunión con la promesa de llevar la situación bajo control.

A partir del 25 de abril la preocupación de Brézhnev crece notablemente, ya que nada cambia en el país centroeuropeo, además, el 1 de mayo, tradicional celebración del Día del Trabajo se da una manifestación masiva y Dubcek participa en la marcha, cosa nunca antes vista entre los políticos comunistas. Es llamado a Moscú y de nuevo advertido. Petr Blažek analizó para Radio Praga el comportamiento del líder reformista.

“Los pasos de Dubcek eran poco decisivos, flojos. En el ámbito de los cargos políticos no quería empezar a destituir a personas, ya que sabía que eso le disminuiría de inmediato la popularidad entre la sociedad. También parece ser que no era una persona de carácter dictatorial, era más bien un político al que no le gustaba entrar en grandes conflictos y todo eso condujo a que Moscú empezara a estar bastante descontenta”. 

A mediados de mayo en Polonia tienen lugar las maniobras militares polacas y soviéticas; a finales del mes las maniobras militares de los ejércitos de los países del Pacto de Varsovia. Dubcek anunció que la reunión que aprobaría las reformas tendría lugar a inicios de septiembre.

El 27 de junio invadió los titulares de los periódicos checoslovacos el manifiesto ‘Dos Mil Palabras’, que reclamaba llevar a cabo el proceso de democratización. Leonid Brézhnev no tardó en telefonear a Praga y condenar el documento. El texto fue rechazado también por parte de Dubcek, ya que las demandas excedían de largo las reformas que propugnaba el ala reformista del Partido Comunista.

Los checos y eslovacos se iban de vacaciones, mientras tanto la situación se complicaba: el 14 de julio tuvo lugar la reunión de los países del Pacto de Varsovia ya sin Dubcek, quien propone realizar un encuentro con Brézhnev aparte. Moscú sugiere que se realice en Moscú o en Kiev, pero Dubcek insiste en que sea en el territorio checoslovaco. El compromiso será Cierna nad Tisou, en la frontera eslovaco–soviética y el 29 de julio los líderes se encuentran. Brézhnev proclama que si Dubcek no soluciona la situación, la Unión Soviética vendrá a ‘ayudar’ a Checoslovaquia. El historiador Petr Blažek apuntó que Dubcek tenía que saber que el momento de la invasión se acercaba.

“Dubcek fue advertido en una llamada privada el 11 de agosto, cuando le llamó Brézhnev para advertirle de que no era posible no seguir cumpliendo los acuerdos de ?ierna nad Tisou. Está claro que Dubcek y los demás informaron a la sociedad checoslovaca sobre el contenido de las negociaciones de forma diferente a la de cómo lo percibían los soviéticos y no dijeron la verdad completa”. 

Cuando la Primavera se volvió invierno

La noche del 20 al 21 de agosto cruzaron la frontera a Checoslovaquia los ejércitos de cinco países comunistas encabezados por la Unión Soviética. Primero fueron ocupados los aeropuertos y poco después los medios de comunicación. El ejército checoslovaco obtuvo la orden de no tomar acción. Antes de las dos de la mañana la Radiodifusión checoslovaca, aún sin haber sido ocupada, transmitió a todo el país la proclamación de los líderes comunistas checoslovacos que condenaban la invasión. Después de eso la transmisión se cortó y hasta las cinco de la mañana nadie sabía bien lo que ocurría. Daniela Spenser contó a Radio Praga cómo ella vivió la invasión.

“A las 3 de la mañana ya el 21 de agosto mi mamá llegó a mi cuarto y me dijo, abre la ventana, nos están invadiendo y de veras eran unos rugidos a las 3 de la mañana de los aviones, cargados con tanques y soldados, aterrizaron y allí se acabó. Recuerdo que caminábamos por las calles y vimos tanques y era horrible y yo no hablaba con los soldados, pero ya sabemos esas historias de que había muchos que hablaban con ellos, y que cambiaban las señales de las calles y escribían sobre las paredes“.

El 21 de agosto por la mañana los líderes comunistas reformistas fueron secuestrados y llevados a Moscú. Los ciudadanos pasaron dos días sin tener señal de ellos. Las protestas masivas del pueblo checoslovaco, en su mayoría pacíficas e inteligentes, duraron una semana: la gente arriesgaba su vida escribiendo lemas críticos por todas partes, también se crearon redacciones improvisadas en todo el territorio checoslovaco que se trasladaban para poder transmitir mediante la radio lo que ocurría. La gente de verdad creía que sería posible abandonar el Pacto de Varsovia e iniciarse por su propio camino. Sin embargo, el 26 de agosto los representantes políticos, menos František Kriegel, firmaron bajo presión de los rusos el llamado Protocolo de Moscú, enterrando por completo las esperanzas de los ciudadanos.

El padrastro de Daniela Spenser, Vladimír Tosek, era uno de los periodistas que se trasladaba entre redacciones improvisadas y cuando los líderes checoslovacos aceptaron la invasión, Daniela Spenser y su madre tenían claro que la única opción para ellas era la emigración.

“Decidió mi mamá. Cuando los rusos detectaron la redacción improvisada de Klet y la silenciaron, Vladimír ya no pudo hacer otra cosa que cruzar la frontera a Austria y mandó a decir a mi mamá, que estaba allí, que se fuera con él. Mi mamá llegó a noche a la casa, y me dijo ‘mañana por la mañana me voy, te puedes quedar, te puedes venir conmigo’, a mí, por supuesto, me quedaba muy claro que iba a ir con ella, entonces salimos el 29 de agosto. Para mí era muy claro que aquí no había nada que hacer, que eso era una abdicación, una debacle inaceptable“.

Como explicó a Radio Praga el historiador Petr Blažek, la mayoría de la gente murió debido a las manipulaciones con los tanques por parte de los rusos que en su mayoría no eran buenos a la hora de conducir, aunque también hubo personas muertas de tiros por casualidad o de forma intencional. También hubo protestas no pacíficas de parte de los jóvenes checoslovacos. La mayoría de los muertos se registró alrededor de la Radiodifusión Checoslovaca en el centro de Praga.

“La ocupación soviética tuvo lugar desde el 21 de agosto de 1968 a finales de junio de 1991. Durante la ocupación murieron en relación con las acciones de las tropas ocupantes más de 400 personas. Hacia finales del año 1968 murieron según las últimas investigaciones alrededor de 134 personas”. 

Las consecuencias fueron nefastas. Tras la ocupación, Checoslovaquia comenzó a sumergirse en el llamado período de la “normalización”: fue restaurada la censura, tuvieron lugar las purgas políticas y las persecuciones de los partidarios del reformismo. El proceso de democratización finalmente fue llevado a cabo con la Revolución de Terciopelo en 1989, dos décadas después.

Las añoranzas del exilio

Hacia finales del 68 abandonaron el país alrededor de 80 000 personas. Muchos de los que optaron por no volver de sus vacaciones fueron sentenciados a un año de prisión.

A Eliška Krausová, que partió a Colombia el 15 de julio, la invasión soviética la pilló desprevenida fuera del país. Tuvo que decidirse y optó por acabar sus estudios en Bogotá. Debido a ello le quitaron el pasaporte y le fue prohibido el regreso a su país natal. Eliška Krausová describió qué dificultades conllevó la vida en la emigración, y eso a pesar de contraer matrimonio e instalarse en Colombia.

“Entonces eso viene en esos periodos difíciles que experimentaron todas la personas como yo, todos los emigrantes. Uno comienza a soñarse unos sueños muy angustiantes que uno quiere volver y no puede, y en el sueño uno se imagina que se va a la cárcel. En los sueños de los checos siempre están los perros de las fronteras y todas estas cosas, y a mí sí se me comenzó a caer el pelo, me tocó ir al médico, porque me comenzaron a salir unas manchas y como dijo el médico, algo le tenía que salir eso es de puro estrés y por más que usted se crea a sí misma que está muy feliz, pues esa parte no la puede tapar”. 

Eliška Krausová obtuvo en 1975 la nacionalidad colombiana y volvió a reunirse con su familia en 1978, diez años tras la ocupación en el oeste de Alemania. En 1983 tuvo la posibilidad de volver a su país natal con una visa turística mediante pasaporte colombiano. Krausová sigue viviendo en Colombia, donde da clases de francés en la universidad y es la fundadora de la asociación colombo–checa ASOCHECA.

Daniela Spenser emigró primero a Gran Bretaña donde estudió la carrera de español e inglés y antropología, y posteriormente obtuvo una beca y en 1972 se trasladó a México. Contó a Radio Praga cómo ella vivió el exilio.

“Muchas rupturas, con los amigos, con mi novio, con mi mamá y mi padrastro Vladimír aunque nos veíamos y hablábamos, con mi papá. Mi papá se quedó en Checoslovaquia. Muchas rupturas y esas rupturas creo que me han afectado por el resto de mi vida. El contacto no era difícil por cartas, pero me escribía con mis amigos y amigas, y pronto me fui a México y ahí sí se rompió el contacto. Siempre ha habido añoranza, hay añoranza hasta la fecha, yo nada más lo digo y siento como la añoranza sube al pecho”. 

Daniela Spenser volvió a visitar su país natal en 1992; actualmente vive en México donde ejerce de historiadora y se dedica a escribir libros con el énfasis en la historia política.

La invasión en cifras 

Muertos: más de 100 personas víctimas de balas o arrolladas por los tanques.
Número de soldados: 600.000 soldados de cinco países del Pacto de Varsovia, no participaron Rumanía ni Yugoslavia.
Armamento: 6.300 tanques, 550 aviones de combate y 2.000 piezas de artillería.

Fuente: Radio.cz/es (Tereza Kalkusová). Foto 1, foto 2 – 3, foto 4, foto 5 – 7, foto 8, foto 9 – 10, foto 11, foto 12.