Leyendas y secretos del callejón de oro de Praga

Contradictoria, bella y enigmática. Praga redescubre su pasado y le ofrece al visitante una cápsula de tiempo para sumergirlo en un sueño mágico. Este es el efecto del Callejón de Oro: una callejuela que esconde el Castillo de Praga, con vida desde la época de los reyes de Bohemia y que durante cinco siglos ha servido de hogar para soldados, artesanos, escritores célebres y hasta adivinos.

Esta angosta calle, reabierta al público en el 2011 tras un año de restauración y en la cual se invirtieron 1,5 millones de euros, guarda once pequeñas casas que, al estilo de una maqueta de teatro, sirven de escenario para comprender las tradiciones del pueblo checo, su culto a las artes y la relevancia en la historia de la eterna ciudad de Europa central.

Para llegar al Callejón de Oro hay que orientarse hacia el Castillo de Praga, donde a la sombra de la imponente Catedral de San Vito se esconde esta callecita que cuenta leyendas. Una de ellas narra que en el siglo XVI, el rey Rodolfo II de Habsburgo quería más oro y, si había suerte, encontrar la inmortalidad. Por ello hurgó en cada aldea para encontrar a los mejores alquimistas y armar dentro del Castillo un cuartel de operaciones, lo instaló en esta calle y la bautizó como ‘Callejón de Oro’.

Ese es el mito. La realidad es que Rodolfo II ordenó construir el complejo residencial, pero para albergar a 24 guardias de la fortaleza. De ellos son las primeras huellas que aparecen en el recorrido – un museo de armaduras, una exhibición de escudos grabados con los emblemas reales de las familias imperiales o un salón de la tortura.

La numeración en el Callejón de Oro va en descenso y no todas las puertas están marcadas. A la casa 22 llegó el escritor judío Franz Kafka en 1916. Natal de Praga, Kafka regresaba a la ciudad para buscar a su hermana Ottilie y afrontar, bajo su protección, la tuberculosis que padecía. Solo un año se quedó el escritor en esta estrecha casa, hoy de marcos verdes y fachada celeste. Tiempo suficiente para escribir la corta historia de Un médico rural, que sirvió para aumentar la leyenda del Callejón de Oro, al convertir esta casa en parada obligatoria para la foto con la placa en la fachada.

El interior de la vivienda es más una minilibrería de un museo kafkiano que un hogar como tal. Se encuentran fotografías, libros y suvenires alusivos al escritor. Sobresalen ediciones bellísimas de La Metamorfosis y El Castillo, novela póstuma que según sus estudiosos está inspirada en los meses que estuvo Kafka en esta calle.También hay postales y correspondencia que el escritor cruzó con su círculo de allegados en sus últimos años de vida.

Luego resalta la casa número 18, la tienda de marionetas de madera. Como contexto, por toda Praga es fácil conseguir una marioneta, es un recuerdo típico checo de nuestros días. Sin embargo, en este diminuto almacén se consiguen modelos exclusivos de Hauptmann Emil, un afamado artista que revivió el arte de su abuelo como tallador y titiritero, oficio popular en los siglos XIX y XX durante el apogeo del teatro de títeres checo.

Emil se convirtió en un referente cultural incómodo para el régimen comunista que imperaba luego de la Segunda Guerra Mundial. Fue arrestado y encarcelado. Su hijo intenta mantener vigentes las creaciones de sus antepasados. Caperucita Roja, Blancanieves y por supuesto Pinocho, junto con decenas de otros personajes cuelgan de los estantes de esta tienda, donde cada títere es hecho a mano y lleva una placa con el nombre de su tallador.

Entre otras paradas hay que mencionar también la de la puerta número 14. Allí vivió Madame de Thebes, psíquica y adivina, que era buscada por medio Praga por sus acertadas predicciones, don que obtuvo tras la muerte de su hijo en la Primera Guerra Mundial y al cual esperó toda la vida con un puesto en la mesa. A modo de vitrina se ve el salón donde leía las cartas, un gran sillón rojo de terciopelo y encima de un pequeño balón, una calavera. Su suerte no le ayudó a escapar de la Gestapo cuando predijo la muerte de Hitler y la caída del Tercer Reich.

El artículo completo pueden encontrar en: www.eltiempo.com (Gonzalo Piñeros, El Tiempo, foto 2, foto 4). Foto 1, foto 3.