Entrevista a la directora de Asocheca en la revista Marie Claire

Una verdadera princesa de Colombia (refiriéndose al cuento de hadas La princesa y el guisante del escritor danés Hans Christian Andersen), así es el subtítulo de la entrevista a la señora Eliška Krausová, directora de Asocheca, publicada en la revista Marie Claire (número diciembre de 2020 – enero de 2021). Las respuestas de Eliška Krausová a las preguntas de Vladimír Kroc se encuentran en las páginas 70 – 73. Dado que la entrevista se llevó a cabo en checo, les presentamos un resumen de la misma en español.

Eliška Krausová nació el 4 de mayo de 1946 en Praga. Anhelaba ser actriz, pero ya que no pudo estudiar en la Academia de Artes Musicales, decidió estudiar idiomas en la Facultad de Filosofía. Durante las vacaciones antes de su último año de la universidad, salió a visitar a su tío a Bogotá con el fin de mejorar su conocimiento del español. No obstante, pronto llegó la invasión de tropas soviética (agosto de 1968), su vida tomó una dirección inesperada, y Eliška decidió quedarse en Colombia…

Actuó en la televisión local, trabajó en una librería francesa, vendió pelucas. Se casó con el profesor del español Ignacio Chaves quien más adelante llegó a ser el director del reconocido Instituto Caro y Cuervo. Terminó su carrera y se ha desempeñado como profesora en la Universidad Pedagógica Nacional, donde trabaja hasta ahora. Además, durante un cuarto del siglo dirigió la Oficina de Relaciones Internacionales. Fundó la Asociación de amistad colombo-checa – Asocheca, y por la propagación del buen nombre de la República Checa en el mundo recibió el premio Gratias Agit, otorgado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Según Eliška, Bogotá ha crecido y cambiado bastante durante las últimas décadas. La desigualdad entre las personas sigue en aumento, entre otras razones, por muchas personas del campo que han llegado a la ciudad, frecuentemente obligados por la violencia. Aún así, no todo ha cambiado. Los colombianos siguen siendo muy amables, alegres, y también cumplidos, si bien se dice que no es posible confiar en ellos por completo. Aunque son muy sociables si se trata de sus familias y personas cercanas, en otros aspectos pueden ser bastante asociales y desconsiderados hacia los demás.

En la entrevista, Vladimír Kroc menciona que Eliška llegó a Bogotá en una época cuando las mujeres sin el acompañamiento de un hombre no podían ir a las cafeterías, los teatros, no estudiaban en las universidades, y se esperaba de ellas que se encargaran de su familia. No obstante, hoy en día tienen en algunos sentidos tal vez más igualdad que las mujeres en Europa. Como añade Eliška, Bogotá ya no es una ciudad encerrada donde el interés principal de las mujeres fue casarse. Las familias promedias de la clase media solían tener de cuatro a seis hijos y vivían en un apartamento o más bien una casa grande. Bogotá estaba llena de casas de estilo inglés con un jardín pequeño. Las familias solían tener varias empleadas, y por lo menos una de ellas convivía directamente con la familia. Casi nadie tenía una lavadora, pocas personas tenían una aspiradora. Pero todo eso cambió muy rápido.

En 1980 ya la mayoría de las muchachas querían estudiar universidad, las mujeres buscaban trabajo, tenían menos hijos. Hasta surgieron leyes para apoyar las madres cabeza de familia, las instituciones sociales educaban a las mujeres en la planificación familiar. De igual manera rápida, crecían nuevos tipos de almacenes grandes y se iba cambiando el estilo de vida. Se empezaron a demoler las casas pequeñas y Bogotá ahora está llena de edificios altos. El número de las empleadas suele estar limitado a una, y ya no viven con la familia. Las familias jóvenes tienen en promedio dos hijos, en todas partes pueden comprar lo que sea para varios días, pocas personas cocinan más que una vez al día y a veces ni esto. En otras palabras, con el paso del tiempo Bogotá ha llegado a ser una metrópoli similar a cualquiera otra en el mundo occidental. El progreso ha sido enorme y rápido, sin embargo, el progreso mental se ha quedado atrás.

Eliška habló también sobre su esposo Ignacio Chaves. Según sus palabras, tenía algo de cada uno de sus hermanos, y también era muy parecido a su papá, con el cual se caían bien. Ignacio fue profesor de literatura, encantador, inteligente, caballero, cortejado por las estudiantes. Irradiaba la misma alegría como su familia, fue educado y culto. Compartió el sentido de humor especialmente con sus hermanos. Como explica Eliška, en su familia también tienen el don de tomar la vida con perspectiva. Ignacio fue un gran optimista, lleno de planes y energía vital. A la vez se comportaba como un príncipe, en este sentido fue completamente excepcional. Un romántico inmenso. Todo el tiempo recibía regalos, flores de él, siempre la sorprendía con algo. Cuando ya tenían más dinero, le regalaba serenadas. Fue lo que les interesaba a sus amigas cuando llegó a la casa por primera vez después de 15 años. Sus padres, sobre todo su papá, estaban bastante cautelosos con su esposo. Cuando estaban en Bogotá por primera vez, su mamá celebró cumpleaños allí. Ignacio invitó a diez músicos. Según las palabras de Eliška, esa vez se ganó su corazón.

Sin embargo, el esposo de Eliška murió repetidamente, lo que fue bastante complejo para ella. Como recuerda, en su tierra natal siempre vivió en una familia grande, cuando llegó a Bogotá, vivió casi un año en la casa de su tío y siguió la vida con su esposo. Nunca había estado sola hasta sus 59 años. De repente tuvo que decidir muchas cosas, lo que no había hecho antes. Lo primero fue el funeral. Se dio cuenta de que tenía que pagar cuentas, asuntos que antes resolvía su esposo. Empezó una etapa completamente nueva en su vida. Poco a poco iba encontrando fuerza y energía en las visitas a su tierra natal que emprendía cada año, y en su mente escuchaba las palabras de su esposo: “Cuando llegue el tiempo, tendrás que pensar en algo para unir los dos países, a los checos y los colombianos.” En Bogotá en aquella época, por recortes en el presupuesto del Ministerio de Relaciones Exteriores, cerraron la Embajada checa. Y allí surgió la idea de fundar una asociación de amistad colombo-checa.

En la entrevista se habló también sobre los impactos del coronavirus. Para Eliška, como casi para todos, han cambiado varias cosas. Por ejemplo, da clases a distancia. Aparte, como dice, esta pandemia hizo más visible lo que todos sabían: la enorme desigualdad social. Mientras que en muchos barrios la gente trabaja desde la casa, usa tapabocas y sigue las medidas higiénicas meticulosamente, en otras partes, donde la gente vive de día a día, tiene un trabajo casual, algunos pagan arriendo por cada noche, otros pasan apuros directamente en la calle, allí no valen ningunas reglas. Las personas a menudo no tienen un apartamento ni qué comer. Si bien la alcaldesa de Bogotá afirma que se les reparte comida, parece que no es suficiente para todos. En estos grupos sociales las personas, si reciben regalos, quieren cada vez más y pronto se les olvida trabajar. Exigen fuertemente la ayuda del Estado, al cual no han contribuido nada. No están inscritos en ninguna parte, no tienen cuentas bancarias, no figuran en el sistema social, por supuesto, no pagan impuestos, como ciudadanos prácticamente no existen. Aún así requieren ayuda del Estado. En eso consiste un subdesarrollo y desigualdad grandes de Sudamérica. No se trata solo de las diferencias entre los pobres y los ricos, se trata de los conceptos de la democracia que como si no llegaran hasta aquí. Por eso muchos, incluyendo a Eliška, afirman, que la situación mejorará solo a través de la educación, de una educación básica, de saber leer y escribir, de encontrar bases de historia y educación cívica, de esforzarse por la posibilidad de estudiar más y aprender a entender los problemas estructurales y cómo mejorarlos.